En minería, el high-grading suele entenderse como la práctica de extraer o procesar preferentemente las zonas de mayor ley, dejando para después los materiales de menor valor. Sin embargo, Lemieux (2000) distingue dos situaciones muy diferentes: 1️⃣ Secuenciamiento económico: Consiste en extraer primero el material de mayor valor para generar flujo de caja temprano y maximizar el Valor Presente Neto (VPN), sin comprometer la recuperación futura de las reservas. 2️⃣ High-grading destructivo: Ocurre cuando se extraen únicamente las zonas de mayor ley de una forma que esteriliza, abandona o vuelve inaccesible mineral que también habría sido económicamente explotable (Lemieux, 2000). Esta distinción es importante porque la literatura clásica coincide en que el objetivo de la planificación minera no es maximizar la ley de cabeza, sino maximizar el valor económico del proyecto (Lane, 1988; Rendu, 2014). La pregunta correcta no es: ¿Estamos explotando primero la alta ley? La verdadera pregunta es: ¿Estamos sacrificando reservas futuras para mejorar indicadores de corto plazo? Si la respuesta es sí, entonces estamos frente al verdadero High-Grading Destructivo. En mi opinión, esta distinción es fundamental para geólogos, ingenieros de minas y profesionales de planificación. No toda extracción temprana de mineral de alta ley destruye valor; lo que realmente destruye valor es comprometer la recuperación económica futura del yacimiento por decisiones de corto plazo. Y, en algunos casos, el high-grading puede convertirse en un mecanismo para compensar o incluso disimular problemas operacionales, especialmente en la planta de procesamiento, generando mejoras aparentes en los resultados de corto plazo a costa del valor total del activo. ¿Cuál ha sido su experiencia? ¿Han visto casos donde el high-grading creó valor o, por el contrario, terminó destruyéndolo?